AÑO 2020

Un laboratorio para jóvenes
investigadores cusqueños

Desde el inicio de su carrera, hace treinta años, el docente cusqueño Vicente Quispe tenía claro que la educación no se concentra en un salón de clases. Pero, a fines de 2015, lo reafirmó cuando se le acercó Carlos, un alumno de Educación Básica Alternativa que había salido desaprobado en matemática, la materia en la que Vicente se ha especializado. “He ‘jalado’ porque tengo que trabajar”, le dijo triste al profesor.

  – ¿Y en qué trabajas?

  – En construcción civil. Soy jefe de obra.

  – Entonces, tienes que leer planos, ¿no?

  – Sí, los leo a la perfección, profesor, y hago cálculos para los materiales

“Entonces, Carlos sí entendía la matemática”, pensó el maestro. Lo que había que encontrar era la motivación. “Se me ocurrió desarrollar un proyecto educativo que involucre las actividades diarias que realizan las y los estudiantes”, recuerda el profesor Vicente. En el 2016 comenzó encuestando a sus alumnas y alumnos mayores de edad del instituto educativo Uriel García. Gran parte de ellos labora en construcción civil, en comercios o como empleadas y empleados del hogar, y dedican sus noches a terminar sus estudios secundarios. 

Con edades y conocimientos tan heterogéneos, el profesor Vicente tenía que hacer una clase inclusiva y didáctica, que permita que las y los estudiantes aprendan, pese al cansancio tras un día de trabajo. Ese fue el origen de su laboratorio de matemática. “Empecé eligiendo los elementos que son parte del día a día del estudiante: los recibos de luz y de agua, los impuestos que les cobran en SUNAT o las piezas que necesitan para las edificaciones, como las mayólicas”, explica. Empezó a crear maquetas de construcciones, tablas y gráficos. Esas fueron sus herramientas que se usaban en el salón y todos participaban.

“Ya no es solo saber cuánto debo de luz, sino por qué; cuánto gasta un televisor o una lavadora por hora. Y, como si nada, empezaban a emplear la estadística”, cuenta. Asistir a las clases del profesor Vicente era una experiencia vivencial.

Esa aventura matemática corría peligro de desaparecer por el aislamiento que demandaba la pandemia del coronavirus; pero, para el maestro cuzqueño, era solo un reto más. En un espacio de 80 metros que tenía libres en su casa instaló el laboratorio, desde donde grabó videos para seguir instruyendo a 40 estudiantes de tercer y cuarto grado de secundaria de Educación Básica Alternativa. Con quienes no tenían conexión a internet, la comunicación era telefónica.

La matemática es una ciencia que podemos vincular con el mundo real. Necesitamos un laboratorio para que el alumno experimente, compruebe resultados y aprenda”, dice el profesor Vicente Quispe.

Una de sus alumnas, Rose, cuenta que a sus 26 años no pensaba solucionar su conflictiva relación con la matemática, hasta que llegó a las clases del maestro Vicente. “Ya había estudiado con el profesor el año pasado y tenía temor de que ahora que no podíamos ir a la escuela se acabe el laboratorio; pero él nos guio con cosas que teníamos en la casa. Solo necesitábamos una regla y la paciencia del que nos enseña”, dice Rose.

“La matemática es una ciencia que podemos vincular con el mundo real y, para ello, necesitamos un laboratorio donde el alumno experimente, compruebe resultados y aprenda”, añade el docente. Este año ha podido incluir en sus clases a profesionales de la SUNAT, estudiantes de Ingeniería Civil de la Universidad Nacional de San Antonio Abad y financieras, como Caja Cusco, quienes explican cómo estas complicadas fórmulas tienen implicancias en la vida diaria.

El laboratorio de matemática ahora es conocido a nivel nacional e internacional. “Me han contactado de Colombia, Ecuador, México, Uruguay, Paraguay y hasta Argentina para repetir la experiencia”, cuenta orgulloso.  Esto lo alienta a continuar, incluso ahora que la temporada de lluvias ha llegado al Cusco y ha inundado parte de su laboratorio. “Pero se puede volver a construir. Formar investigadores bien lo vale”, dice el maestro.

 

Nota importante: Si eres estudiante y no has podido continuar con tus clases este año puedes comunicarte con el directivo de la institución educativa a la que asistías, o con la UGEL respectiva, para realizar la recuperación de las clases en enero y febrero de 2021. Comparte esto con otros estudiantes que conozcas y que estén en una situación similar. ¡El año escolar 2020 no es un año perdido!

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