AÑO 2020

¡Al rescate de la lectura con emoción!:
Los texticones de Áncash

“Vendo alcohol, alcoholcito para cuidar a los niños / Vendo guantes, guantecitos para librarte del virus / La higiene nos ayudó, el virus ya se fue”. Como cantando un pregón, la voz de la profesora Mariela Pérez enseña a sus estudiantes de segundo de primaria sobre la importancia de la limpieza. Por ahora, esta comunicación es virtual: usando el servicio de WhatsApp, la docente envía el archivo de audio a las familias de sus 22 estudiantes que viven en el centro poblado de Huataullo, provincia ancashina de Pallasca. Junto al audio va una guía que sugiere recitar los versos en familia, sumar instrumentos musicales al canto y anima a añadir nuevas estrofas. A esto se le llama un texticón.

En las escuelas de Áncash, lo que separó la pandemia fue unido nuevamente por este producto de audio y escritura. “Es un acrónimo de texto y emoción”, señala Rodolfo Sánchez Coello, especialista de Comunicación en la Dirección Regional de Educación de Áncash, y quien acuñó el nombre. Esta estrategia fue pensada y ejecutada desde mayo por las 20 UGEL, en el marco del plan lector regional “Áncash lee”.

“El objetivo era generar textos breves y motivacionales, que alienten la lectura lúdica y mejoren el soporte socioemocional de los estudiantes y sus familias”, agrega Rodolfo. Para ello, un equipo de 21 personas reunió material propio y también inspirado en las guías de “Aprendo en casa”. Se convocó a escritores regionales, docentes y estudiantes a expresarse mediante un texto educativo que le hable a la comunidad ancashina. Hasta noviembre, 8000 profesores de primaria y secundaria han repartido 60 texticones a 40 000 estudiantes. Esto ha llevado a inspirar a otras entidades estatales, como el Gobierno Regional de Huánuco, quienes les han pedido la metodología para adaptar la idea a sus localidades.

Pero el texticón va más allá de ser una herramienta que incentive la lectura. Claudia, madre de la estudiante Adriana, de 13 años, cuenta que los texticones les permitieron crear un espacio que no existía en la dinámica familiar. “Algunos textos nos pedían dramatizarlos y eso nos ayudó a distraernos del miedo y del estrés que nos causaba el encierro”, cuenta Claudia, quien vive en Pomabamba. Para los profesores también se ha convertido en un catalizador de creatividad. “Siento que poder hacer un texto pensado para mis alumnos, y que se reproduzca en toda la región, me motiva como docente”, cuenta Mariela.

‘Está bien que trabajes, pero ¿qué va a ser de ti si no terminas el quinto de secundaria?, ¿cómo cumplirás tu sueño de estudiar ingeniería de sistemas?’”, recuerda el joven.  Así, tomó nuevamente los libros y escribió un texticón inspirado en esta vivencia. “Es para que los chicos que viven lo que yo también lo reflexionen”, añade Rolando (16) con la emoción de quien está muy cerca de llegar a la meta.

Esta estrategia también ha ayudado a canalizar emociones y problemas que nacieron en la pandemia. Eso le sucedió a Rolando, de 16 años, quien vive en Comandante Noel, zona rural de Casma. “En julio me empecé a desconectar de mis clases para ayudar a mi padre a cosechar espárragos. Los profesores me empezaban a llamar preocupados, y yo solo les respondía que estaba trabajando”, cuenta Rolando; pero los maestros no se dieron por vencidos. “Un día me llamó una profesora y me dijo: ‘Está bien que trabajes, pero ¿qué va a ser de ti si no terminas el quinto de secundaria?, ¿cómo cumplirás tu sueño de estudiar ingeniería de sistemas?’”, recuerda el joven.  Así, tomó nuevamente los libros y escribió un texticón inspirado en esta vivencia. “Es para que los chicos que viven lo que yo también lo reflexionen”, añade con la emoción de quien está muy cerca de llegar a la meta.

Nota importante: Si eres estudiante y no has podido continuar con tus clases este año puedes comunicarte con el directivo de la institución educativa a la que asistías, o con la UGEL respectiva, para realizar la recuperación de las clases en enero y febrero de 2021. Comparte esto con otros estudiantes que conozcas y que estén en una situación similar. ¡El año escolar 2020 no es un año perdido!

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